Amor quería contarte algo que no supe decirte en esos días y creo que por eso estaba tan callada.
Cuando te estaba viendo alistar las maletas, sentía un vacío enorme en el pecho… de esos que no hacen ruido, pero pesan mucho. No sabía cómo expresarlo, no sabía cómo decirlo sin romperme, así que solo te miraba. Quería abrazarte, olerte, quedarme ahí contigo, pero también me contenía, porque no quería agobiarte. Sabía que ese viaje es muy importante para ti ( Tambiénparami). Al par de horas de sueño cuando ya tenías que irte me desperté pensando que tenía que estar neutra, tranquila, para que te fueras feliz, para que te fueras bien. Quería que te llevaras paz, no mi tristeza.
Cuando te fuiste, no quería dormirme. El sueño me llegaba por partes y desde ese día sigo durmiendo igual, a ratos. Me molesta, pero es la forma que ha encontrado mi cuerpo de extrañarte y aunque me dolía, también me alegraba mucho saber que tenías ese viaje, que ibas a reencontrarte con tu hija. Verte feliz me hace feliz, incluso desde lejos. Saber que estás allá, viviendo ese momento, me llena el corazón.
Estuve mirando todo el tiempo por dónde iba el avión. Tomé pantallazos cuando recién salió de Colombia, cuando pasó por las islas de Puerto Rico, cuando el día se volvió noche… como si así pudiera sentirte un poquito más cerca.
No quise llorar tanto frente a ti, y tampoco te conté lo mucho que lloré después. No porque no confíe en ti, sino porque sé que tienes que estar fuerte, presente y feliz para disfrutar de la compañía de tu princesa. Yo acá sostengo lo mío, para que tú allá vivas lo tuyo con el corazón tranquilo.
Te extraño, pero también te admiro demasiadooo. Y te amo, incluso en silencio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *