Aquel día que partí de Colombia, sentía dentro de mi todo un torbellino de emociones, Miedo, angustia, tristeza, emoción, felicidad, esperanza… Y si puedo incluir también, hambre y sueño. Salir de casa con usencia de luz y un frío que me avisaba lo que estaba por venir, era un escenario perfecto para acompañar mis sentimientos de ese justo instante, Ver tu rostro consentido, con frío y con aparente sueño por la hora me estaba partiendo el corazón, me hizo preguntarme muchas veces si debí planear este viaje de mejor manera para poder tenerte a mi lado. Debía salir pronto, ya se me había hecho lo suficientemente tarde, y sabes la angustia que me da ir a algún lugar desconocido con tiempo justo.

La llegada al aeropuerto fue tan lúgubre como mi despedida de casa, una Bogotá aunque despierta… Oscura, fría y caótica. Una Bogotá que despedía con todo el drama que te puedas imaginar mientras mi rostro se recarga en la ventana del Uber que intentaba entablar una conversación y en mi mente solo estaba pensando en todo lo que dejaré por casi un mes. La ciudad que amo, y que amo justamente porqué en ella tengo todo lo que siempre he soñado, un amor tan puro como el que tengo contigo y que me da las fuerzas necesarias para continuar día a día, Tammy que aún con su distancia y seriedad complementan nuestro hogar y me hace sentir en casa, Incluso por mi mente pasó Honey con su hiperactividad corriendo de lado a lado por mi cabeza… Un par de minutos después, que siento fueron insuficientes para mi drama de película llegué Al Dorado, Aeropuerto del que siempre hablo con orgullo y que hoy será el co-protagonista de esta nueva aventura que empezamos, y digo empezamos porqué todo el tiempo te tuve en mi mente, como si pudiera hablar contigo y te repetía imaginando tu sonrisa gigante que aquí vamos… En una nueva aventura juntos.

Ya sabes un poco más de lo que fue el trámite de la espera, comí con una ansiedad que sentía nunca me iba a permitir quedar satisfecho, en una sala VIP en donde me permití analizar todas las personas, familias completas, personas solitarias, grupos de amigos, trabajadores de la aerolínea, todos con una historia detrás de su rostro y detrás de ese desayuno, y me sentía cómo en un libro, emprendiendo un viaje a 8mil kilometros y ansioso por descubrir todo lo que viviré. Ya luego volví a ser un mortal más en la fila de subir el avión, esta vez, contrario a mis otros viajes por los cielos, era de los últimos al abordar, al subir pude ver un poco de todo, una familia mexicana que se reía extremadamente fuerte, y justo al lado de mi fila, una familia tolimense, que viajaban con mucha ilusión y bastantes nervios. El momento humilde y colombiano, fue hacer una fila a cada extremo del pasillo para que un perro revisara las maletas de todos en búsqueda de droga, curiosamente la única maleta que identificó el perro fue la de un extranjero, que tan pronto el policía llamó para que recogiera su maleta y lo acompañara se puso más pálido de lo que creí fuera posible, esa, es tan solo una de las historias de las cuales me tuve que imaginar un final… Que digo un final, siempre me les imagino unos 10 finales diferentes.

Ya en el avión me sentí muy apretado, la silla incomoda y sin posibilidad de reclinarse, y dos abuelitas a mi lado que se movían bastante y no tenían el más mínimo respeto por el espacio personal. 9 horas que se me hicieron bastante eternas, dos comidas que parecieron insuficientes y una incomodidad gigante con mis maletas que me quitaban bastante espacio. Tuve la oportunidad de ir al baño sin tener que incomodar a nadie y eso lo agradezco, aprovechaba esas idas para estirar un poco las piernas y no encalambrarme en esa silla, De resto te resumo el viaje con un juego de quien quiere ser millonario en mi pantalla, la parte 2 de Dune y un niño vomitando cada 2 horas 2 filas detrás mío. Aterrizar en Madrid, en el mítico Aeropuerto de Barajas fue una sensación que aún escribiendo esto me pone una sonrisa de lado a lado, después de tanta espera… estaba a tan solo unas horas de poderme encontrar con mi hija de nuevo.

La bajada del avión me hizo sentir orgullo de mi preparación para este viaje, sabía exactamente por donde tenía que salir, y aunque fuí de los últimos en bajarme, fui de los primeros en llegar a la fila de migración, Caminando seguro pero fascinado por la arquitectura, un olor a cigarrillo horrible me dañó un poco esa primera impresión, pero continué ya con emoción de ver la ciudad. Pasé Migración bastante fácil y encontré la salida del metro como si estuviese en mi casa, compré los tickets, y me dirigí hacía la salida. Todo esto a través de túneles y con un frío bastante soportable, muy parecido al de Bogotá. Cuándo llegó el primer tren del metro, tenía en mi cabeza los nervios de que se me olvidara la ruta, Línea 8 en mercaderes, hasta nuevos ministerios, ahí debo hacer trasbordo para tomar la línea 10 y dirigirme a la estación Sol, para hacer otro trasbordo y tomar la famosa línea 1 del metro de Madrid hasta la Gran vía…

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